Artistas / Victoria Civera

Obras sueltas

1 Obras
Infomación

Victoria Civera

Port de Sagunt, Valencia, España, 1955
Entre 1972 y 1977 cursa estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, donde experimenta, en colaboración con Juan Uslé, con la fotografía, el fotomontaje y el happening. Tras su traslado a Santander en 1978 centra su trabajo en una pintura de intensos valores cromáticos y factura neoexpresionista, más radical en sus cualidades tonales y matéricas en el arranque de la década de los ochenta, un momento en el que aumenta considerablemente el formato de sus obras, y en el que, sin abandonar las alusiones figurativas, introduce el círculo, solución formal clave en la evolución de su trayectoria creadora. Con un marco de referencias en el que se ha incluido a F. Kupka, los Delaunay, Noland o J. Johns, las sucesivas series en que emplea los motivos circulares no remiten únicamente a la sugestión ordenadora de su geometría; la carga matérica de la pintura, la sinergia formal entre elementos de reminiscencias naturalistas y otros no figurativos y la poderosa capacidad evocadora del círculo como signo e icono concluyen en un periodo calificado como de simbolismo abstracto. Con este bagaje, presenta en 1982 su primera individual madrileña en la galería Montenegro. En 1987 se instala en Nueva York, abriéndose un nuevo periodo en el que sus planteamientos plásticos experimentan cambios significativos. Su pintura se desenvuelve en pequeños formatos, donde comienza a hacerse patente una mayor preocupación por el espacio y en los que abandona la furia expresiva por una contención lírica de tonos sutiles y colores apagados. Recluyéndose en el centro del cuadro, desarrolla una ambigua iconografía abstracta, que le permite trasladar la potencia sugestiva de su obra hacia un plano más íntimo, donde se convocan reflexiones y metáforas que, desde lo femenino, hacen de la biografía sentimental, la memoria y el cuerpo y su versátil capacidad emocional argumentos nodales de su actividad. Paralelamente, sus pinturas comienzan a adquirir una nueva dimensión objetual, al incorporar al plano materiales diversos –yeso, algodón, lino, seda, terciopelo- y pequeños objetos, con los que crea un nuevo canal que refuerza la capacidad evocadora de aquéllas. En este sentido hay que situar inicialmente el arranque de su actividad en los terrenos de la escultura y la instalación a finales de los ochenta, un momento de intensa actividad expositiva a ambos lados del Atlántico. Durante la década de los noventa no abandona la pintura, que se torna más sensual en el uso del color, aunque no por ello se debilita el latente juego de tensiones formales que caracteriza sus composiciones. Volcada en la creación de instalaciones, éstas suponen una continuación de los argumentos conceptuales de su obra pictórica. Basadas en la yuxtaposición y asociación de objetos de uso cotidiano, recorre a través de las mismas el concepto de intimidad, argumento desde el que asalta otras ideas que se instalan en la dualidad oculto-desvelado, y que se manifiestan a través del deseo, el fetiche, el cuerpo, la casa. En el tramo final de los años noventa, su pintura se encamina por el terreno de la plena figuración.